Un sorpresivo y demoledor testimonio sacudió las audiencias del juicio oral por la denominada «Causa Cuadernos», poniendo bajo una severa lupa los métodos de recolección de pruebas utilizados durante la instrucción original. Julio César Silva, el encargado del emblemático edificio ubicado en la intersección de las calles Juncal y Uruguay donde residió la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, se retractó categóricamente de las afirmaciones que había realizado en 2018 ante el juzgado del fallecido magistrado Claudio Bonadio.
Durante su comparecencia ante el Tribunal Oral Federal 7, Silva negó haber visto al exsecretario presidencial Daniel Muñoz ingresando de forma habitual al inmueble con bolsos llenos de dinero o valijas sospechosas entre los años 2007 y 2010. «Firmé algo que no era cierto. Yo nunca dije que iba con bolsos y valijas», admitió con contundencia el testigo, quien reconoció explícitamente haber cometido un delito al avalar aquella versión apócrifa por temor. Según aclaró en esta ocasión, Muñoz solía portar un portafolio común o, a lo sumo, bolsos de mano de dimensiones habituales.
El testimonio de Silva subió de tono cuando relató las severas irregularidades y el hostigamiento psicológico que sufrió en el juzgado federal en las etapas tempranas del caso. El encargado describió un ambiente de extrema tensión donde se encontraba emocionalmente vulnerable. Aseguró que las preguntas le eran repetidas de manera incesante para direccionar sus respuestas y denunció haber recibido una velada pero efectiva amenaza institucional: «Me dijeron que yo tenía dos hijas y que tenía que pensar en ellas antes de declarar todo lo que me preguntaran», reveló ante las preguntas de las defensas.
Adicionalmente, el testigo recordó detalles polémicos sobre el allanamiento practicado en el departamento de la exmandataria. Detalló que oyó al comisario a cargo comunicarle telefónicamente a Bonadio que el operativo estaba por concluir sin resultados positivos porque no habían hallado absolutamente nada. La fuerte retractación de Silva debilita una de las columnas testimoniales que sustentaban la acusación y reaviva las críticas sobre el manejo de la evidencia y los presuntos aprietes judiciales de la instrucción.





