La aerolínea low cost Flybondi atraviesa un momento crítico que ha derivado en la implementación de un plan de retiros voluntarios marcado por la urgencia y la reducción progresiva de beneficios para quienes no acepten las condiciones de inmediato. En una reciente comunicación a través de la plataforma Zoom, que duró apenas 20 minutos y limitó la participación de los empleados, directivos de la compañía —bajo la conducción del fondo COC Global Enterprise— anunciaron lo que calificaron como un «proceso de reorganización estructural» indispensable para la supervivencia de la operación a largo plazo.
El esquema propuesto por la empresa establece un cronograma de dos etapas con incentivos decrecientes, lo que ha sido interpretado por diversos sectores como una medida de presión directa sobre los trabajadores. El primer plazo, con vencimiento inminente, ofrece a los interesados la indemnización de ley más medio sueldo adicional, seis meses de cobertura de salud y cuatro juegos de pasajes. Sin embargo, para quienes decidan sumarse en una segunda instancia, los beneficios se reducen drásticamente a solo un cuarto de sueldo extra, tres meses de obra social y solo dos pasajes. Un dato que genera especial preocupación es que los montos totales, en ambos casos, se abonarían en tres cuotas.
Verónica Funes, directiva de la firma, justificó estas acciones como una «decisión drástica» necesaria para sanear las finanzas y el flujo de caja. A pesar de que la empresa fue adquirida a mediados de 2025 por el empresario Leonardo Scatturice con la promesa de una fuerte inyección de capital y un agresivo plan de marketing, la realidad financiera parece no haber acompañado las expectativas. La falta de claridad sobre el futuro de la aerolínea ha alimentado versiones que sugieren una posible relocalización de sus operaciones principales hacia Paraguay, buscando un entorno operativo diferente.
Este escenario se desarrolla en un clima de tensión con el gremio ATAF, con quienes la empresa asegura haber consensuado la propuesta, aunque el malestar interno entre los pilotos y el personal de tierra es evidente. La premura impuesta —con apenas tres días para decidir en la primera tanda— deja poco margen de maniobra para los empleados, quienes deben evaluar su continuidad laboral bajo la sombra de una posible salida definitiva de la compañía del mercado local. La situación de Flybondi se suma a una serie de ajustes en el sector aerocomercial, reabriendo el debate sobre la sostenibilidad del modelo de bajo costo en el actual contexto económico.





