Un nuevo informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) encendió las alarmas sobre el desplome del poder adquisitivo. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) acumula una pérdida superior al 40% en su capacidad de compra, ubicándose un 20% por debajo de los promedios registrados en la década de 1990.
El impacto inicial generado por la devaluación derivó en una caída del 30% en los primeros meses de gobierno, una brecha que no logró revertirse. Ante la falta de acuerdo entre las partes en el Consejo del Salario, las actualizaciones nominales fueron fijadas por resolución de la Secretaría de Trabajo, con incrementos alineados a las propuestas del sector empresarial.
Pérdida de referencia y brecha con la canasta básica
El informe destaca el fuerte deterioro que sufrió la función del salario mínimo como piso salarial dentro del mercado de trabajo. En 2016, el SMVM equivalía al 37,2% del sueldo promedio registrado en el sector privado; hoy, esa proporción cayó a tan solo el 16,6%.
En la práctica cotidiana, la pérdida de poder de compra se refleja en ejemplos concretos del consumo masivo:
- Alimentos básicos: En junio de 2016 se necesitaba una hora de trabajo a salario mínimo para comprar un kilo de pan; actualmente hacen falta dos horas y media ($1.839 por hora). Para adquirir un kilo de carne picada, la exigencia pasó de 2 a casi 6 horas.
- Cobertura de la canasta: En junio, el salario mínimo cubrió apenas poco más de la mitad de la Canasta Básica Alimentaria (línea de indigencia para una familia tipo) y se precisaron más de 4 salarios mínimos para no ser considerado pobre.
- Servicios y transporte: Para costear un viaje de ida y vuelta en subte se requerían 15 minutos de trabajo en 2016; hoy esa misma jornada demanda 1 hora y 41 minutos.





