El doble juego de Mauricio Macri ante el Gobierno



Las recientes advertencias de Mauricio Macri hacia Javier Milei, asegurando que si el PRO calla «el populismo avanza», no representan un acto de genuina preocupación institucional, sino un burdo ejercicio de supervivencia política. Tras meses de actuar como el socio en las sombras y el principal proveedor de cuadros técnicos para el actual Gobierno, el expresidente intenta ahora ensayar una distancia táctica. Este giro discursivo busca despegar al PRO del costo social del ajuste salvaje de La Libertad Avanza, pero sin romper del todo los hilos del poder que hoy comparte.

Calificar al PRO como una suerte de «garante» o «freno» ante un eventual regreso del populismo es, cuanto menos, una lectura cínica de la realidad. El partido fundado por Macri ha sido el andamiaje legislativo y político que le permitió a Milei avanzar con sus medidas más controvertidas. Por lo tanto, presentarse ahora como la voz de la moderación o el guardián de la república es una pirueta retórica que subestima la memoria colectiva. Macri no está preocupado por la calidad democrática ni por el rumbo económico; está preocupado por la licuación de su propio capital político y la absorción electoral de sus votantes a manos del oficialismo.

Este pretendido rol de «oposición constructiva» o «aliado crítico» es un doble juego peligroso. Si las políticas de Milei fracasan, Macri pretenderá decir «yo lo advertí»; si tienen éxito, dirá «nosotros lo hicimos posible». Es la vieja receta de la especulación política: gozar de los beneficios del oficialismo mientras se intenta retener la pureza de la oposición. Al final del día, las advertencias de Macri no son para salvar al país del populismo, sino para salvarse a sí mismo de la irrelevancia política en un escenario que él mismo ayudó a polarizar.

Comparte esta noticia
Lee más en Infomuro