Mientras los mercados financieros festejan una baja del riesgo país a 574 puntos básicos, la economía real muestra signos de agotamiento extremo. En febrero, la recaudación nacional se desplomó un 9,5% real interanual, marcando el séptimo mes consecutivo de retroceso.
El informe de recaudación de febrero de 2026 ha encendido las alarmas en el sector productivo y en las administraciones provinciales. La cifra no miente: una caída del 9,5% en términos reales respecto al mismo mes del año anterior. Este dato no es un hecho aislado, sino la confirmación de una tendencia: desde julio de 2025, los ingresos del Estado no logran ganarle a la inflación. El IVA, el termómetro más fiel del consumo de los argentinos, retrocedió un 3,2%, lo que indica que el poder de compra sigue sin recuperarse pese a la desaceleración del índice de precios.
Por otro lado, el Gobierno nacional celebra un éxito financiero indiscutible. Los bonos soberanos operan con subas de hasta el 1,5% y el riesgo país se sitúa en los 574 puntos básicos, niveles no vistos en años. Esta desconexión entre la bonanza financiera y la sequía productiva es el corazón del modelo libertario. Mientras el Tesoro acumula superávit mediante el recorte de transferencias a las provincias —que perdieron $500.000 millones solo el mes pasado—, las economías regionales se enfrentan a un escenario de asfixia.
Incluso organismos externos como Morgan Stanley advierten que, si bien el sector energético (petróleo y gas) podría apuntalar las cuentas externas con un crecimiento del 11% para este año, la inflación núcleo sigue en el orden del 2,4% mensual, una cifra que, aunque menor a la de 2024, sigue castigando el bolsillo de los trabajadores en un contexto de salarios anclados. La pregunta que se hace el arco económico es cuánto tiempo podrá sostenerse el superávit si la base imponible continúa achicándose por la recesión.





