El peronismo y la CGT se abroquelan en el Senado mientras el modelo cruje

En un nuevo capítulo de la avanzada libertaria contra las conquistas históricas de la clase trabajadora, el Gobierno de Javier Milei ha puesto en marcha su maquinaria de presión en el Senado. Bajo la batuta de Patricia Bullrich —quien parece haber trocado su uniforme de seguridad por el de operadora legislativa—, el oficialismo intenta «consolidar» un número mágico de 44 voluntades para imponer una reforma laboral que huele más a revancha que a modernización.

La escena ocurrió lejos del despacho de la ministra, buscando quizás un barniz de institucionalidad en las oficinas de la UCR. Allí, el senador radical Eduardo Vischi ofició de anfitrión para un cónclave donde se discutieron modificaciones, no para proteger al laburante, sino para ajustar el costo político de levantar la mano. Mientras el país se hunde en una recesión fabricada desde el Ministerio de Economía, los bloques «dialoguistas» —esos socios necesarios que el peronismo aún intenta retener— parecen más preocupados por el flujo de fondos y obras en sus provincias que por la precarización que están a punto de firmar.

El «grupo de los 44» es el nombre de fantasía con el que el oficialismo sueña para la sesión del 11 de febrero. Una cifra que incluye a radicales, macristas y senadores de provincias que, bajo la asfixia financiera de la Casa Rosada, parecen dispuestos a entregar la flexibilidad laboral como ofrenda.

Desde el peronismo, la resistencia se organiza en un equilibrio precario. Saben que el modelo de Milei necesita un Senado dócil para terminar de desmantelar el andamiaje protector del trabajo en Argentina. Sin embargo, la sombra de la traición sobrevuela los pasillos: algunos dirigentes ya coquetean abiertamente con las fuerzas del cielo, mientras otros intentan, sin mucho éxito, imponer condiciones a un proyecto que busca, fundamentalmente, que el ajuste lo sigan pagando los de abajo.

La estrategia oficial es clara: dilatar, negociar recursos y presionar hasta que el cansancio o la billetera doblen las voluntades. El próximo martes habrá una nueva cita en el mismo lugar. Para entonces, quedará claro quiénes en el Senado están para defender a sus representados y quiénes están simplemente esperando que el precio sea el correcto para liquidar lo que queda de dignidad laboral en el país.

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