La crisis industrial en la Argentina ha sumado un nombre de peso a su lista de bajas: Goldmund SA, la empresa detrás de la reconocida marca de electrodomésticos Peabody. La firma formalizó su presentación en concurso de acreedores ante la justicia, tras agotar todas las instancias de financiamiento para sostener su operación. Según fuentes cercanas a la compañía, el detonante fue la «tormenta perfecta» generada por la política económica de la administración de Javier Milei: una recesión profunda que desplomó las ventas un 40% interanual y una apertura de importaciones que dejó a la producción local sin margen de competencia.
Desde la llegada del nuevo esquema de comercio exterior, Peabody —que emplea a cerca de 200 trabajadores de forma directa— se vio asfixiada por el ingreso de productos similares desde China y Brasil a precios con los que la estructura de costos argentina, castigada por las tarifas energéticas, no puede competir. La empresa, que había invertido fuertemente en su planta de Hurlingham para desarrollar líneas de diseño premiadas internacionalmente, hoy se encuentra con un stock paralizado y una cadena de pagos cortada.
El caso de Peabody no es un hecho aislado, sino el síntoma de una «epidemia» en el sector manufacturero. Gremios industriales como la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) advierten que la masificación de la crisis ya es una realidad palpable. Empresas como Whirlpool, que recientemente redujo turnos en su planta de Pilar, y otras firmas de la línea blanca, atraviesan situaciones similares. El modelo de «supervivencia del más apto» planteado por el Ministerio de Economía parece estar dejando fuera de juego incluso a empresas con altos estándares de calidad y eficiencia.
La presentación judicial busca evitar la quiebra inmediata y permitir una renegociación de deudas, pero el panorama es sombrío. Sin una reactivación del consumo privado —hoy aniquilado por la pérdida del poder adquisitivo— y sin medidas de protección frente a la competencia desleal, el destino de Peabody parece anticipar el de gran parte del cordón industrial bonaerense. La pregunta que queda flotando en el sector es cuántas PyMEs y grandes plantas nacionales sobrevivirán al actual proceso de reconversión económica.





