El reciente incremento en el precio de los combustibles ha comenzado a generar un inevitable efecto dominó en la cadena de consumo masivo de Argentina. Tras la actualización de los valores en los surtidores —impulsada en parte por el contexto internacional y la suba del petróleo—, los supermercados y centros de venta mayorista confirmaron que ya han empezado a recibir nuevas listas de precios por parte de sus proveedores.
Según diversos relevamientos y consultas realizadas a referentes del sector, los aumentos que están llegando a las oficinas comerciales oscilan, en promedio, entre un 2% y un 9%. Esta variabilidad depende estrictamente del tipo de producto y de la política comercial de cada marca, pero el factor común es el traslado de los mayores costos logísticos y de transporte que supone el nuevo valor del gasoil y la nafta.
A pesar de que los datos oficiales del INDEC mostraron una inflación de febrero situada en el 2,9%, acumulando un 5,9% en el primer bimestre del año, el panorama para marzo y abril se presenta desafiante. Los analistas y comerciantes coinciden en que estos nuevos incrementos impactarán de lleno en las góndolas durante las próximas semanas, dificultando la tendencia de desaceleración de precios que el Gobierno intenta consolidar.
El impacto no es uniforme, pero afecta principalmente a los productos de primera necesidad, donde el flete representa un componente crítico del costo final. Mientras que las grandes cadenas de supermercados intentan negociar los plazos de aplicación de estas nuevas listas para no resentir aún más el consumo —que ya viene mostrando señales de debilidad—, los mayoristas advierten que la presión de costos es difícil de contener.
En conclusión, la suba de los combustibles vuelve a actuar como un motor de indexación, poniendo a prueba la estabilidad de precios y el bolsillo de los consumidores, quienes verán reflejados estos ajustes en el ticket final de sus compras diarias antes de que finalice el mes.





