¿De qué hablamos cuando hablamos de inflación?

Quienes no somos economistas nos sentimos un poco incómodos al tocar temas relativos a dicha ciencia. Sin embargo, el fenómeno de la inflación es algo que nos afecta a todos. En Argentina, hace más de 10 años que hay inflación de dos dígitos, algo que torna muy inestable a la macroeconomía y, por lo tanto, a la vida en sociedad.

A grandes rasgos, las posturas divergen en dos explicaciones. O bien, es un problema relacionado con el déficit fiscal del Estado, o bien, es un problema multicausal. La corriente Monetarista (ortodoxa) se inscribe dentro del primer grupo, mientras que la corriente Estructuralista (heterodoxa), en el segundo.

La inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios relativos de los bienes y servicios en una economía. A medida en que las tasas de inflación se aceleran, los tenedores de moneda doméstica deben restringir sus opciones de consumo porque cada unidad monetaria alcanza para comprar cada vez menos unidades de bienes o de servicios.

La inflación, así mismo, es un impuesto no legislado. En el sistema republicano argentino, como tantos otros temas, las materias fiscales o impositivas se discuten en el Congreso en forma de proyectos de Ley, teniendo que ser aprobadas por ambas cámaras previa a su sanción. Pues bien, el impuesto inflacionario se saltea este proceso y recauda de manera fraudulenta recursos de las personas.

La historia económica de la Argentina nos demuestra que la inflación es un fenómeno persistente, manifestado bajo distintas administraciones (con diferentes políticas monetarias y fiscales) y que sólo ha estado ausente entre 1991-2002. Pero, a pesar de que en aquellos años no hubo aumento generalizado de los precios en la economía, el bienestar material de los argentinos se vio afectado por problemas de otras índoles.

¿Por qué es importante que la inflación deje de ser un problema persistente? Porque la misma genera efectos muy nocivos para la organización social. Entre los más destacados se pueden mencionar los siguientes: desalienta la inversión productiva porque la ecuación económica de los contratos queda distorsionada a raíz de los aumentos; afecta a la recaudación tributaria del Estado; genera redistribución regresiva de los ingresos; destruye la información que los consumidores necesitan para tomar sus decisiones; y, destruye la moneda de un país.

Basándome en diferentes lecturas, considero que la inflación es un fenómeno necesariamente monetario, pero esto no implica que no existan otras causales que lo alimenten. La confianza en los gobiernos es un factor subjetivo de gran relevancia. Si las personas no sienten confianza en quienes toman las decisiones en un país, sentirán temor a resguardar sus activos en la moneda nacional. Los shocks que provienen del extranjero son otro factor clave (los aumentos en el precio de las materias primas, la energía, o disrupciones en las cadenas de valor), así como los conflictos internos (pujas distributivas entre sindicatos y empresarios, y formadores de precios).

Es un fenómeno monetario ya que se relaciona de manera directa con la oferta de dinero. Hay una ecuación económica que ilustra que la oferta monetaria debe ser igual a la demanda. En Argentina lo que sucede es que, las administraciones aumentan la cantidad de dinero logrando que haya más de lo que está demandando la economía real, generando un desincentivo a su tenencia, aumentando la velocidad de circulación del dinero.

Sí, es cierto, actualmente en el mundo la inflación se encuentra en las primeras planas de los diarios, las encuestas muestran que los consumidores piensan que la inflación es una de las grandes preocupaciones actuales, y los gobiernos están aumentando la tasa de interés de la economía como mecanismo para frenarla.

Lastimosamente, esto no puede ser consuelo para los argentinos. Somos uno de los tres países con la inflación más elevada del mundo. Como se dijo al comienzo, la inflación la sufrimos hace más de diez años. Diferentes políticas se han intentado y ninguna ha logrado dar en la tecla con una solución sostenible. Estamos atrapados en una lógica económica y mental inflacionaria que requiere políticas creativas, esfuerzos inconmensurables y, por sobre todas las cosas, legitimidad y consenso político para hacer frente a este desafío.

Referencias bibliográficas

Gerchunoff, P. y Llach, L. (2018). El ciclo de la ilusión y el desencanto. Políticas económicas argentinas de 1880 a nuestros días. Ed. Crítica

Kiguel, M.A. (2018). Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes y desajustes. Ed. Sudamericana

McKinsey & Company (2022). How inflation is flipping the economic script, in seven charts. Recuperado de: https://www.mckinsey.com/featured-insights/inflation/how-inflation-is-flipping-the-economic-script

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