A pesar del entusiasmo de la Ministra de Seguridad por lograr un tratamiento «express» en el Congreso, uno de los redactores originales del proyecto encendió las alarmas sobre la falta de coherencia y prolijidad del texto actual.
La urgencia del Gobierno Nacional por avanzar con la reforma laboral ha chocado con un obstáculo inesperado: la propia técnica legislativa. Mientras Patricia Bullrich presiona para que el proyecto sea debatido y aprobado a la brevedad, voces dentro de su propio equipo técnico sugieren que el apuro podría ser contraproducente.
Los errores detrás del proyecto
Uno de los principales autores de la iniciativa ha manifestado su preocupación por la calidad del documento que llegó a la mesa de debate. Según trascendió, el texto presenta errores de redacción, inconsistencias jurídicas y una falta de articulación que podría facilitar impugnaciones judiciales en el futuro.
La advertencia no es menor, ya que proviene de quienes conocen el «espíritu» original de la norma. El señalamiento apunta a que, en el afán de simplificar o acelerar los tiempos políticos, se han descuidado aspectos técnicos fundamentales que garantizan la aplicabilidad de la ley.
El factor Bullrich vs. la cautela técnica
Patricia Bullrich ha sido la principal cara visible de esta «ofensiva laboral», buscando capitalizar políticamente la necesidad de cambios en la legislación del trabajo. Sin embargo, este nuevo escenario plantea un dilema para el bloque oficialista y sus aliados:
- El riesgo del «parche»: Aprobar una ley mal redactada podría generar una ola de litigiosidad.
- El costo político: Una demora para corregir el texto podría interpretarse como una debilidad o falta de coordinación en el gabinete.
Un debate que se dilata
Mientras la Ministra busca un trámite acelerado, el sector más dialoguista del Congreso y los especialistas en derecho laboral sugieren que es necesario un repaso exhaustivo del articulado. La reforma pretende modificar desde las indemnizaciones hasta los periodos de prueba, temas de alta sensibilidad social que requieren una redacción blindada ante cualquier interpretación ambigua.
Por el momento, el proyecto se encuentra en una zona gris: entre la presión política por mostrar resultados y la necesidad técnica de evitar un fracaso legislativo por errores de forma.





