Consumo deprimido: por qué casi 8 de cada 10 familias argentinas recortan gastos frente a la realidad económica

Un informe privado reveló que la mayor parte de las familias percibe ingresos por debajo del promedio nacional, una realidad que condiciona el consumo y obliga a las familias a modificar drásticamente sus hábitos de gasto.

El mapa socioeconómico de la Argentina muestra una profunda disparidad. Según un reciente estudio de la Fundación Encuentro, basado en datos de la consultora W, el 78% de los hogares argentinos se encuentra en los segmentos de clase baja y media baja, percibiendo ingresos mensuales que no alcanzan a cubrir el promedio nacional de $2.800.000 netos.

La pirámide social refleja que solo el 5% de la población pertenece a la clase alta, requiriendo ingresos superiores a los $7,5 millones. En el otro extremo, un 21% de los hogares vive en situación de pobreza, con recursos mensuales cercanos a los $900.000, lo que impacta directamente en la calidad nutricional y el acceso a bienes básicos.

Consumo en pausa El reporte explica que esta concentración de ingresos explica por qué el consumo masivo permanece deprimido a pesar de ciertas mejoras en variables macroeconómicas, como la desaceleración inflacionaria. Ante un escenario de caída en la capacidad de ahorro, el ajuste es transversal: incluso los sectores de mayores ingresos han comenzado a restringir servicios, viajes y suscripciones, priorizando la búsqueda de ofertas y promociones.

Por su parte, los estratos más vulnerables enfrentan un panorama crítico, con una marcada sustitución de alimentos básicos y una creciente dependencia del endeudamiento para cubrir los gastos corrientes. Para los especialistas, el consumidor se ha vuelto sumamente selectivo, priorizando la compra en canales de cercanía para evitar gastos impulsivos y optimizar su presupuesto.

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