A tres años del inicio de sus operaciones, el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (recientemente renombrado por la gestión de Javier Milei como Gasoducto Perito Moreno) demostró ser una de las obras de infraestructura más rentables de la historia reciente de Argentina. Según un informe detallado de la Fundación Encuentro, la megaobra acumuló un ahorro de divisas que equivale a casi cuatro veces la inversión total requerida para su construcción.
Los números que detalla el documento son contundentes: la obra demandó una inversión inicial de 2.300 millones de dólares (sin contabilizar el IVA), pero desde su inauguración en julio de 2023 le permitió al Estado nacional evitar importaciones energéticas por un total de 9.122 millones de dólares. En términos prácticos, esto representa un retorno económico de 3,97 veces sobre los recursos invertidos. Es decir, por cada dólar destinado al proyecto, el país recuperó casi cuatro en divisas.
El informe llega en medio de un fuerte debate sobre la importancia de la inversión en obra pública, en un contexto de parálisis casi total de la infraestructura estatal debido al plan de equilibrio fiscal del actual Gobierno. Los analistas destacan que el gasoducto sirvió para mitigar de forma directa la «restricción externa», el clásico cuello de botella en las reservas de dólares que históricamente frena el crecimiento de la economía argentina.
Desde su puesta en marcha, la traza inyectó unos 17.000 millones de metros cúbicos de gas natural extraídos de Vaca Muerta hacia los principales centros de consumo urbano e industrial del país. De esta forma, Argentina pudo reducir de manera drástica las costosas compras externas de Gas Natural Licuado (GNL), gasoil y fueloil, además de recortar la dependencia del gas proveniente de Bolivia y la energía eléctrica de Brasil y Uruguay.
Desarrollo récord e impacto en el empleo
El gasoducto, cuya primera etapa se planificó y ejecutó durante la gestión del Frente de Todos bajo la órbita de Energía Argentina (ENARSA), se construyó en un plazo récord de apenas 302 días. Además de la rapidez en la ingeniería civil, la obra contó con un 81% de componentes provistos por la industria nacional, lo que reactivó ramas clave de la metalurgia, la construcción y los servicios especializados.
Los beneficios económicos no solo impactaron en la balanza comercial, sino también en el mercado de trabajo. En su etapa constructiva el megaproyecto movilizó cerca de 48.800 puestos de trabajo directos e indirectos. De cara al panorama de 2026, gracias a la ampliación de transporte que destrabó la producción en los yacimientos, el gasoducto sostiene una estructura laboral activa de 12.750 empleos estables.
A pesar del éxito del balance, el informe advierte que la infraestructura energética nacional todavía no alcanzó todo su potencial de independencia. Las importaciones en los picos invernales continúan debido a que la segunda fase del gasoducto —que contemplaba la extensión hacia el centro y norte del territorio argentino— fue frenada por la actual administración nacional.





