La exmandataria Cristina Kirchner reveló que analiza postularse a la presidencia en cuanto «recupere mis derechos políticos». Durante una entrevista concedida al Washington Post, su letrado Rafael Valim detalló que la jugada jurídica apunta a que el Comité de Derechos Humanos de la ONU objete su fallo condenatorio e impulse a los tribunales argentinos a reexaminar el proceso.
“Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?”, aseveró Cristina Kirchner al ser consultada sobre una nueva postulación presidencial. Ante la hipótesis de un eventual incumplimiento por parte del Estado argentino frente a un fallo adverso del organismo internacional, Valim anticipó que se desencadenaría «una movilización social irresistible por parte del pueblo argentino».
Aunque los dictámenes del comité de la ONU señalan violaciones a garantías procesales sin facultad para anular fallos locales, el abogado confía en el impacto político y jurídico de la resolución. «Dada la tradición argentina en materia de derechos humanos y la apertura de su sistema jurídico a las decisiones internacionales en este ámbito, veo una posibilidad mucho mayor de cumplimiento, incluso en el caso de Cristina, a pesar de que se trata de un sistema que busca perseguirla”, indicó Valim.
Asimismo, en su primera charla con un medio extranjero tras la condena judicial del año pasado, la referente peronista arremetió contra la gestión de Javier Milei por el impacto social de sus medidas económicas. “Pero ahora muchos argentinos están frustrados porque sus vidas no han mejorado, su dinero no les alcanza hasta fin de mes y ven un gobierno que no solo no hace nada por los pobres, sino que los ataca activamente», manifestó.
Por otra parte, la exsenadora —quien cumple 18 meses de detención— pronosticó un traspié electoral para Donald Trump en los comicios legislativos norteamericanos. “Paradójicamente, el hombre que ha hecho todo lo posible para ayudar a los gobiernos de derecha a ganar en América Latina perderá las elecciones en su propio país”, sentenció.
Sobre su reclusión, admitió que lo más difícil de sobrellevar es «no poder compartir sus pensamientos con amigos y aliados». Actualmente cuenta con un régimen restringido de visitas —cuatro horas semanales distribuidas en dos días, con un tope de tres personas por encuentro— y, aunque tiene acceso a telefonía, sospecha que sus comunicaciones se encuentran intervenidas.
Para ilustrar su templanza, recordó una conversación mantenida con el mandatario brasileño Lula da Silva, quien la visitó en 2025. «No tengo derecho a deprimirme ni a atormentarme ante el sufrimiento ajeno. Sé por qué estoy aquí: por lo que represento, por el gobierno que construimos y por mi negativa a someterme a los poderes establecidos», enfatizó.





