La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa una coyuntura de extrema incertidumbre tras la oficialización de un esquema de retiros voluntarios, diseñado para reducir drásticamente su planta de personal permanente. La resolución, que contempla una ventana de adhesión de 30 días, afecta potencialmente a cerca de 2.800 agentes, incluyendo ingenieros, investigadores y técnicos especializados, lo que representa una reducción de tres cuartas partes de la dotación total del organismo.
Desde la órbita gubernamental, la medida se fundamenta en la necesidad de optimizar los recursos humanos y modernizar una estructura administrativa que, según argumentan, presenta duplicidad de funciones. No obstante, voces calificadas del ámbito nuclear han tildado esta estrategia como un paso determinante hacia el desmantelamiento de las capacidades técnicas soberanas de la Argentina. Adriana Serquis, ex presidenta de la entidad, advirtió que esta política compromete gravemente el conocimiento acumulado en el sector, comparando la escala del ajuste con la desarticulación institucional vivida durante la década de los noventa.
La implementación del plan conlleva restricciones severas para quienes opten por el retiro. El régimen estipula que los cargos vacantes serán suprimidos automáticamente, con una prohibición de cobertura por el término de dos años. Asimismo, se impone un veto de cinco años para que los trabajadores desvinculados puedan reincorporarse a cualquier repartición del sector público nacional, incluyendo empresas estatales estratégicas como INVAP o Nucleoeléctrica Argentina.
En paralelo, los gremios del sector, encabezados por ATE-CNEA, han instado a los trabajadores a proceder con cautela ante la oferta, advirtiendo que la medida no solo conlleva una pérdida patrimonial de capital humano, sino que se enmarca en un contexto de deterioro salarial sostenido y restricciones operativas que han venido afectando la labor diaria en los centros de investigación. Con la paralización de proyectos emblemáticos y el recorte presupuestario, el organismo enfrenta un desafío sin precedentes para garantizar su operatividad futura, poniendo en vilo el desarrollo tecnológico de un pilar fundamental para el país.





