La revolución energética liderada por la producción no convencional de Vaca Muerta ha transformado la balanza comercial argentina. Según los últimos datos de un informe de Qualy Consultora basados en el INDEC, las exportaciones de combustibles y energía se dispararon un 167,1% interanual durante mayo, alcanzando los u$s1.745 millones.
Este extraordinario dinamismo posicionó al sector energético como un pilar fundamental de la economía del país: sus ventas externas representaron casi la mitad del superávit comercial histórico registrado en el mes, el cual ascendió a u$s3.504 millones. En los primeros cinco meses del año, el saldo positivo acumulado trepó a u$s11.783 millones, una cifra que pulveriza los u$s1.883 millones alcanzados en el mismo lapso del año anterior.
El fenómeno responde a un doble motor. Por un lado, las exportaciones se incrementaron gracias a una suba del 50% en los precios internacionales y un salto del 78% en los volúmenes enviados, con el petróleo crudo consolidado como uno de los principales complejos exportadores del país. Por el otro, la mayor producción doméstica en la Cuenca Neuquina redujo un 55,3% las cantidades importadas de combustibles y lubricantes, aliviando la histórica sangría de divisas.
El desafío inmediato para sostener y escalar este histórico récord exportador radica en ampliar la infraestructura de transporte y almacenamiento. No obstante, las cifras de mayo confirman un cambio de paradigma estructural: la energía dejó de ser un factor de déficit y se consolida firmemente como un motor clave para el ingreso de divisas genuinas a la Argentina.





