Tras el duro revés en las urnas, la voz de la exvicepresidenta y líder del movimiento, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), resonó con una claridad que muchos dentro del justicialismo se resistían a reconocer: la decisión de desdoblar las elecciones en la Provincia de Buenos Aires fue un grave «error político». Los resultados terminaron dándole la razón a CFK, quien siempre sostuvo que fragmentar los comicios solo debilitaría la estrategia nacional y facilitaría el avance de la oposición.
La derrota, vista desde la perspectiva de CFK, no es un simple accidente, sino la consecuencia directa de una táctica equivocada. Este análisis de la exmandataria es más que una autocrítica, es la estocada final para dinamizar una interna del Partido Justicialista (PJ) que, lejos de ser inoportuna, está llegando en el momento justo y necesario.
«La derrota se debe al desdoblamiento, punto. No es momento de esconder la cabeza, sino de asumir que se cometió un error estratégico que Cristina ya había advertido,» es la lectura que se impone en el sector más cercano a la líder.
Este quiebre estratégico, ahora visibilizado por la propia CFK, no solo expone las fallas en la mesa de decisiones de la provincia, sino que también fuerza a los distintos sectores del peronismo a debatir de cara a la ciudadanía sobre el futuro del movimiento. La implosión controlada de la interna es, de hecho, el mecanismo de purga y renovación que el PJ necesita para resurgir.
Es ahora, con la herida abierta de la derrota, cuando la base y los cuadros medios deben exigir la reconfiguración total. La crítica de CFK a Kicillof, aunque dura, es el catalizador que obliga a la dirigencia a elegir entre seguir con viejas estructuras o abrazar la renovación que exige el electorado. La interna justicialista no es un problema, es la oportunidad de resetear el liderazgo y demostrar que el peronismo está dispuesto a aprender la lección, validando la visión estratégica que, una vez más, sólo CFK parece haber tenido con antelación.





