Este martes 20 de junio se pondrá en marcha el gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK), mediante el proceso de llenado. El acto de inauguración oficial, del que participarán el presidente Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Sergio Massa, quedará finalmente para el 9 de julio, por motivos políticos y electorales.
La obra de infraestructura tendrá un fuerte impacto cambiario, dado que se proyecta para el 2024 una balanza energética positiva y, un impacto fiscal, porque la energía subsidiada será más competitiva que el GNL importado.
En términos prácticos, el gasoducto permitirá incrementar el envío del gas de Vaca Muerta hacia los grandes centros urbanos, desde Tratayén hasta Salliqueló. En una primera etapa, sumará 11 millones de metros cúbicos (m3) por día, y luego, el flujo casi que se duplicará, y llegará a 21 millones m3 diarios, cuando se habiliten las dos nuevas plantas compresoras.
La puesta en marcha del gasoducto será importante en materia cambiaria. De hecho, uno de los grandes problemas actuales de la falta de dólares se debe a que la balanza energética del 2022 fue negativa en u$s 4.600 millones, producto de la importación de GNL a históricos precios internacionales luego de la guerra en Ucrania. El traslado del gas permitirá un ahorro energético de u$s 2.000 millones durante el segundo semestre del 2023, y alcanzará los u$s 4.200 para mediados del 2024.
En términos agregados, en Energía estiman que este año la balanza energética pasará a estar “equilibrada”, y que tendrá mejoras anuales, hasta alcanzar en 2030 ingresos por exportaciones de u$s 18.000 millones. Esto tendrá un significado político: el sector energético se consolidará como el segundo generador de divisas, dado que hoy la matriz exportadora se encuentra concentrada en el sector agropecuario.
De todos modos, la puesta en marcha del gasoducto es tan solo la primera etapa. Hacia adelante quedará la reversión del gasoducto Norte y la segunda etapa del Néstor Kirchner, para llegar hasta San Jerónimo, en Santa Fe. La finalización de las tres obras implicará que Argentina cuente prácticamente con autoabastecimiento energético en un 95% (salvo en los picos de invierno), que pueda exportar en firme en verano, y dejar de importar de Bolivia.
Para la reversión del gasoducto norte, el Gobierno ya cuenta con financiamiento del CAF por u$s 540 millones, y los otros u$s 173 que faltan podrían ser financiados por el Tesoro o por el sector privado. Distinto es el caso del segundo tramo, que, si bien la inversión se puede recuperar en 2 años, tiene un costo de unos u$s 3.000 millones, en los que todavía no hay un financiamiento firme, más allá de las propuestas de una empresa china y del banco de desarrollo de Brasil.
Fuente: Ambito





