A pesar de que la inflación muestra signos de desaceleración (con proyecciones que estiman que el IPC de junio perforará el piso del 2%) y que el Indec reportó un leve respiro en los salarios reales privados, la percepción social va en sentido contrario. Una encuesta reciente de Zentrix revela que el 86% de los argentinos siente que su salario pierde contra los precios, y un 61% apenas logra llegar al día 20 del mes.
La explicación a esta desconexión radica en la fuerte disparidad entre bienes y servicios. Mientras la inflación interanual general a mayo se ubicó en torno al 33%, los servicios se dispararon un 42,8% (14 puntos por encima de los bienes). Esta brecha se vuelve más crítica durante el invierno por el impacto del consumo de gas y luz, sumado a los constantes aumentos en el transporte del AMBA. Un informe del IIEP de la UBA detalla que, entre diciembre de 2023 y junio de 2026, la canasta de servicios públicos en el AMBA acumuló un incremento del 919%, frente a una suba general de precios estimada en 236%.
Dado que las tarifas y el transporte son costos fijos imposibles de eludir para evitar cortes de suministro o ir a trabajar, el dinero sobrante para el consumo diario se redujo drásticamente. Economistas del CEPA advierten que, al descontar estos gastos esenciales, el poder adquisitivo real se encuentra unos 15 o 18 puntos por debajo del promedio de 2023. Esto se refleja directamente en la economía real: el consumo masivo en supermercados y comercios de barrio arrastra una caída del 3% en el año, y las ventas minoristas pymes caen un 2,5%, exponiendo el verdadero escenario detrás de las cifras oficiales de inflación.





