La desocupación trepó al 7,9% en el segundo trimestre y alcanza niveles no vistos desde la pandemia

El mercado de trabajo volvió a reflejar una fuerte presión durante el segundo trimestre de 2026. Según datos del INDEC, la desocupación alcanzó el 7,9% de la población económicamente activa, consolidando un incremento de 1 punto porcentual en comparación con el mismo período de 2025. A pesar de que la tasa de actividad subió al 48,9% debido a que más personas salieron a buscar un ingreso, el nivel de ocupación general no mostró mejoras significativas, lo que impidió absorber la nueva oferta laboral.

El deterioro del mercado laboral no solo se manifiesta en la falta de trabajo, sino en la degradación de sus condiciones. La informalidad aumentó un punto porcentual interanual, acompañada por una marcada expansión del cuentapropismo. Dentro del universo de trabajadores informales, los independientes pasaron a representar el 37,3% (frente al 34,3% previo), funcionando como un refugio precario ante la pérdida de puestos en relación de dependencia y la falta de tracción en sectores clave de la economía.

Indicador Laboral2.º Trimestre 2025 / Previo2.º Trimestre 2026Variación / Tendencia
Tasa de Desocupación6,9%7,9%⬆️ Suba de 1,0 p.p. (Nivel más alto desde 2021)
Tasa de Actividad48,1%48,9%⬆️ Suba de 0,8 p.p. (Más gente buscando empleo)
Tasa de Empleo~45%45,0%➡️ Sin cambios estadísticos significativos
Cuentapropismo (en informales)34,3%37,3%⬆️ Suba de 3,0 p.p. (Mayor precarización)
Región con mayor desempleoGBA / PampeanaRegión Pampeana (9,7%)🔴 GBA le sigue con 8,2%

A nivel territorial, la Región Pampeana registró la tasa de desocupación más elevada del país con un 9,7%, seguida muy de cerca por el Gran Buenos Aires con el 8,2%. Las grandes urbes de más de 500.000 habitantes mostraron los índices de desempleo más golpeados (8,3%), evidenciando el impacto directo del parón económico sobre la industria, el comercio, la construcción y los servicios vinculados al consumo interno.

Esta mutación hacia el trabajo no registrado genera un impacto colateral directo sobre las cuentas públicas. Un mercado precarizado erosiona la masa de aportes y contribuciones previsionales y reduce la recaudación tributaria ligada a la actividad formal. En un esquema económico dependiente de impuestos al consumo, la expansión de la informalidad representa una traba estructural para el equilibrio de los ingresos fiscales.

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