AdorniGate: El blindaje de los Milei fractura el Gabinete

El escenario político dentro de la Casa Rosada se ha tornado espeso. Bajo el concepto de la «mancha venenosa», un creciente malestar comienza a filtrarse entre las filas del gabinete nacional. El motivo no es otro que la figura de Manuel Adorni, el jefe de Gabinete y vocero presidencial, quien se encuentra en el ojo de la tormenta tras una sucesión de escándalos patrimoniales y denuncias judiciales. A pesar del respaldo explícito de Javier y Karina Milei, el resto de los ministros empieza a ver con recelo una protección que consideran, a estas alturas, costosa para la imagen del Gobierno.

Para intentar disipar los rumores de una salida inminente, Adorni ha diseñado un «súper lunes». La estrategia consiste en encabezar una reunión ministerial de alto perfil, forzando una foto de unidad que pretende simular normalidad frente a una opinión pública cada vez más escéptica. Sin embargo, este alivio parece ser solo un paliativo temporal. El verdadero desafío para el funcionario no es sobrevivir al fin de semana, sino enfrentar lo que suceda después del próximo miércoles, día en que su escribana deberá declarar ante la justicia.

La situación evoca fantasmas del pasado reciente. Muchos dentro de La Libertad Avanza recuerdan el proceso de salida de José Luis Espert: reuniones a solas en Olivos, gestos de apoyo total y, días después, la eyección del cargo. No obstante, Adorni cuenta con un activo que Espert no tenía: es un «talibán» de Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia es su principal escudo, y la teoría que manejan varios funcionarios es que el Ejecutivo intentará dilatar cualquier decisión para que la salida no parezca una derrota inmediata frente a las denuncias, buscando una transición más «elegante» en uno o dos meses.

El desgaste, sin embargo, es innegable. Las denuncias acumuladas componen un mosaico difícil de ignorar: desde el uso de aviones oficiales para traslados familiares y contratos sospechosos en medios públicos, hasta la adquisición de un departamento en Caballito mediante préstamos de particulares que hoy dicen desconocer la transacción. A esto se suman viajes de lujo y propiedades en barrios privados que no parecen coincidir con el relato de austeridad que la gestión pregona.

Mientras tanto, el «costo Adorni» ya afecta la gestión diaria. Ministros de peso sienten que sus agendas quedan eclipsadas por los escándalos del jefe de Gabinete. Figuras como Patricia Bullrich mantienen una distancia prudencial, moviéndose con autonomía y evitando quedar pegadas a una figura que hoy es sinónimo de conflicto judicial. A esto se suma el factor de las encuestas: con una imagen negativa de Javier Milei que ya supera el 54% en algunos sondeos, y la corrupción reapareciendo como una de las principales preocupaciones sociales, el blindaje a Adorni podría convertirse en un lastre imposible de sostener para un gobierno que prometió combatir a «la casta».

El futuro inmediato depende ahora de los tribunales. La declaración de la escribana Adriana Mónica Nechevenko, quien certificó las operaciones inmobiliarias de Adorni y registra múltiples visitas a la Casa Rosada, será determinante. Si el frente judicial avanza, el «súper lunes» de unidad podría ser recordado simplemente como el último acto de resistencia de un funcionario cercado por sus propias sombras.

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